Diaria rutina la dejó en mis ojos
como una bofetada de aire fresco
(parecía una nube de arsénico).

Con el correr de los días
plantó sus reales en un cierto
arrabal de mi discurso.
(No pude con mi sino
y le apunté una cursi bienvenida lacaniana).

Con el correr de los meses
cambiaba y me cambiaba
(como Violeta, la Parra de mi Chile).

Con el correr de los años
acostumbré acostumbrarla
a los presentes de lenguaje
(aparte las ideas).

Yo creo que acusaba el golpe,
principal -espero- de los iris para arriba...

El tiempo modifica (sentido de ida y vuelta)
y la confirmación me duele:
solicito suplicante una infusión:
me replica con un logos de político corrupto.
Encargo con estilo algún opúsculo de fama:
chantajes con añosa cripta toledana.

Ahora vacaciona por Europa
y Ostende la recibe casi al filo del otoño...

Debo decirlo (que se sepa):
continúa impertérrita en el fiel de su balanza
y goza descarada entre pantallas grises,
teclas y más teclas y teclados.

Yo me cago (perdón) en el aliño y la apariencia.
Sólo la esencia perdurable me fascina
(no la del filosofar oscuro, sino la simple,
matinal),
y sueño -ergo y todavía-
con que vuelva por sus fueros y la cordura vuelva.
Mientras tanto,
prosigo enajenado mi tributo...

(Olvidaba decir: la dignidad
no puede valer una manzana
-la docena, es otra cosa-)
No digo "felicidades", en tu caso
suena tautológico